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Carnaval de Málaga [WEB OFICIAL] - La Fiesta del Invierno Cálido
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Paloma San Basilio
"¡Cómo pasa el tiempo! ¡Diez años!. Pero si fue ayer cuando dudabas al caminar y balbuceabas tus primeras coplas. ¡Parece que lo estoy viendo!. Diez años, hijo mío, y cada uno de ellos me ha robado dos de los míos. Me has dado más sufrimientos que alegrías. ¿Por qué te fuiste por la puerta de atrás, sin pedir permiso y a escondidas de tu madre? ¿Quién te raptó?. Tú no te hubieras ido de mí tan fácilmente. ¿Por qué tanto tiempo?.
Me dejaste sola, te llevaste un trozo de mí y ya no hubo más coplillas. Diego el Bollero calló su voz, dejaron de contagiarse las risas y estribillos y febrero se vistió de luto, mientras mi llanto lo apagaba en silencio...
Pero un hijo no le puede faltar a su madre. Volviste como vuelven todos: muerto de frío, hambriento, lleno de harapos. ¡Si es que ni yo misma te conocía!. Pero, eso no fue lo peor; estuviste tanto tiempo fuera, que nadie se acordaba de ti; eras un auténtico extraño. Al principio, no fuiste bien recibido, pero pronto se limaron asperezas y empezaste a repartir risas e ilusiones y a colarte en la vida de todos. ¡Siempre tenías algún que otro estribillo para alegrar a alguien!. ¿Quién se podría negar a tu arrolladora presencia?.
De tu mano volvieron las coplas, de tí brotaron nuevas semillas: los jóvenes copleros compartían la ilusión con los viejos que aún te recordaban. Regresó el color a mis calles, te subiste a Gibralfaro y me lanzaste una lluvia de papelillos. ¡Qué revoltoso eres!. Vas corriendo de un sitio a otro, llamando a todas las puertas, tirando a la gente, enredando las calles de serpentinas, entrometiendote en todos los rincones: ¡Que nadie se quede en su casa, todo el mundo a la calle!. Te encanta el bullicio, hijo mío.
¡Ay, has rejuvenecido mi vida!. Sí, me has quitado unos cuantos años de encima; tu regreso me ha devuelto algo que me faltaba: la alegría. Fijate si habrás alborotado mi existencia que las olas de mis playas me preguntan a cada instante cuánto falta para febrero. Y la Alcazaba no para de contarme los disfraces que se va a hacer: que si se va a vestir de cristiana, de fenicia o de romana. ¡Qué tostón!, y lo que no sabe es que por mucho disfraz que se ponga, mora se queda.
Pero, no es ella sola, El Palo, San Andrés, la Alameda, calle Larios, a todas horas me preguntan. ¿Y yo qué les digo?. Pues, no sé, lo primero que se me viene a la cabeza: ya falta poco, y creo que este año mi hijo viene acompañado de un Dios Momo, que es guapísimo y la Diosa no está nada mal. Calle Larios está deseando que el Dios Momo se pasee por su suelo, y El Palo, sonríe maliciosamente cuando oye nombrar a la Diosa. Al final, todos te quieren, a pesar de la mala fama que traías, porque no te puedes ni imaginar los comentarios de las alcahuetas de turno:..." a ese hay que ahorcarlo, solo trae ruina, la gente se desmadra y ya no sabe ni lo que hace...", "...¿ese?, ese solo trae a la chusma..."¡Cuántas habladurías!. Pero si eres de todos, tú no pides antecedentes, ni curriculum, ni cartas de recomendación para acoger a nadie. ¿Por qué se empeñan en ponerte etiquetas sin conocerte?. Me duele mucho que a mi hijo lo traten así, pero la Farola me recordó aquello de "a palabras necias, oídos sordos", incluso se lo comenté a las gaviotas y éstas me dijeron: "el pez siempre muere por la boca". En fin, aquello que se va olvidando.
Tú has conseguido que el eco de tus coplas también vista de gala a mis pueblos: Estepona, Marbella y Fuengirola llevan antifaz marinero; Ronda, Antequera y la Axarquía cantan sus estribillos "abandolaos", con letras que saben a moscatel; y el Guadalhorce, va inundando los pueblos con su pícara chispa que se cuela en todos los recobecos, encendiendo el corazón de los naranjos y de las verdes huertas de Alora, Coín y Alhaurín.
Es bonito recordar cómo has ido creciendo. ¿Cuántas veces me has disfrazado ya?. ¡Qué vergüenza me daba al principio!. Pero hoy lo hago con orgullo; Sí, me gusta ver mis calles llenas de malagueñitos, me inyectan dosis de alegría, a la vez que colorean mi vida. Además, te voy a confesar una cosa que no sabe nadie: me encanta que me digan piropos. Una no está tan mal, oye, tengo unas cuantas arrugas en el Perchel y algunos michelines en la Trinidad, pero con un poco de arreglo...¿A que no lo sabías, eh?. Pues sí, gracias a tí me piropean y ¡me dicen cada cosa!.
Nunca olvidaré el día que te traje aquí, al Teatro Cervantes, ¡qué grandioso!. Era algo que te debía y que merecías; si hubieras oído el cuchicheo de los palcos y los comentarios de las bambalinas. Cuando cruzaste el umbral de esas puertas, la emoción hizo latir miles de corazones, despertó del letargo el viejo teatro y te acogió en su seno con una ternura que jamás te hubiera podido dar nadie.
Las palomas de la Plaza de la Merced me contaron que Picasso, desde aquel día, pinta un pequeño antifaz en el corazón de cada uno de sus paisanos al llegar febrero.
Los árboles de la Alameda aplaudían con sus ramas los compases del coro. Son incondicionales tuyos; se saben todas tus letras: el más viejo canta todos los días por el Bollero, el que hay frente a Puerta del Mar es un enamorado de las comparsas, está todo el día hablando de "Los Soldaditos", "Alcazaba", "Antifaz", "Semilla y Fruto", "Susurros",... A las palmeras del Parque solo le gustan las murgas, se morían de risa con "Los Niños de la Miga", y no paran de recordar el estribillo de "Los Tumbaitos" o "Los Espantajuraos", "Cepillo y Betún", "Los Dandys". Siempre están discutiendo entre ellos:"... a mí de gustan más los Fulanos..., pues a mí los Menganos...".
Y es que tus grupos se van subiendo al carro de tu historia y de la mía, con sus gentes, sus disfraces, sus cuplés... Me siento orgullosa de tener un trozo de mi vida relatada en coplillas que van y vienen de unos a otros; son el testimonio del pueblo, la herencia que no se firma ante notario, el fuego que alimenta la tradición, y el manantial donde germinan savia nueva y futuras raíces.
¡Ay, qué triste anda el terrá porque no puede conocerte!. Cuando en verano baja de los montes, te busca por Capuchinos, baja enfurecido por la Victoria, serpentea por calle Granada, pero no te encuentra. Le pide a todos que le hablen de tí, pero él quiere verte. Cuando enloquece de rabia se deja caer, colérico, por las calles y se introduce por todas partes, descargando su fuego de siroco, humedeciendo la frente de los malagueños, haciendoles sufrir con su aliento abrasador, y todo (...)¡Ay, terrá, algún día te presentaré a mi hijo para que no tortures más a los malagueños!.
Hay una cosa a lo que no me termino de acostumbrar, ¿Por qué no estás conmigo todo el año?. No me gusta ver como te vas con el boquerón y me dejas con la miel en los labios. Todo el mundo te llora y el cansancio de tantas horas de jolgorio y bullicio empieza a florecer, a la vez que se van acabando las risas. Todos sabemos que eres una ola cargada de coplas, disfraces y máscaras, que viene y se va, teniéndonos once meses en vilo, pero, hijo mío, ¿adónde te vas? ¿Qué haces cuando yo no me disfrazo contigo para salir a las calles?. Llevo diez años haciendome esa pregunta, cada vez que veía arder el Boquerón, y nadie me la sabía contestar, pero El Bollero me ha revelado el secreto y ya sé donde te escondes. Ya sé que te infiltras en el ingenio de los poetas y les vas dictando los versos de mil piropos, impregnando de ironía sus cuartetas, dándole rienda suelta a su imaginación y a sus sueños, dirigiéndoles la mirada hacia mí, para que vean con el alma. Tú eres el que los conviertes en centinelas permanentes de su tradición y de su tierra.
También sé que te sumerges en un rincón del corazón de cada malagueño, para que, de vez en cuando, olviden los problemas y se pongan la careta ante este mundo loco que nos rodea; para que acurruquemos el arlequín entre nuestros brazos y lo arrullemos con una nana de Carnaval, y así descanse hasta el próximo febrero. Por todo esto, tienes que irte Carnaval, para que te deseemos.
En fin, hijo, tirando del copo del Carnaval han ido saliendo del mar de mis recuerdos, uno a uno, estos diez años que cumples hoy. Tu aniversario me ha obligado a ser yo misma, tu madre, la que se dirija a todos para celebrarlo por todo lo alto, con nuestras mejores galas, porque hoy es un día grande, hoy no es cualquier febrero, hoy no podemos ponernos cualquier disfraz, ni se debe cantar cualquier cuplé; no, hoy es la fiesta de la Fiesta, por eso, hijo mío, YO TE PREGONO por habernos enloquecido a todos, TE PREGONO por el calor que les das a mis calles cuando no está el terral, TE PREGONO por haberte compinchado con Picasso para maquillarme con salados pinceles cada febrero, porque tú no tienes fronteras, ni horizontes que te limiten, por estos diez años, y al igual que tus coplas velan por mí, por tí cuidaré yo cien años, mil, toda una eternidad..."
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